Suciedad y basura junto al margen del Río en la Fica

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Infame lo que hemos podido grabar esta mañana de domingo junto al margen del Río, a la altura de la explanada de la Fica. Basura de todo tipo, plásticos…

¿A qué espera el Ayuntamiento para limpiar y multar a quienes ensucian?

© MurciaSurNews

 

Recomendación literaria -El imaginario del viejo Reino de Murcia

Hoy en nuestra sección cultural, recomendamos «el imaginario del viejo Reino de Murcia».

Pincha en la portada para conseguirlo

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Un libro de tapa dura, a precio de coleccionista, ya que su edición está AGOTADA. En esta obra podrás empaparte de numerosos mitos y leyendas que salpican la geografía regional murciana y toda la cuenca del segura, así como su relación con otros mitos y leyendas en otros puntos de España y del mundo.

«¡¿Qué habéis hecho, desgraciados?!»

El antes y el ahora del Mar Menor. Esto no hubiera pasado en ningún otro lugar de España ni del mundo civilizado. Aquí parece que la desidia y la impunidad no tiene límites. Ninguna multa. Ningún detenido. Ningún culpable. Los responsables protegiéndose entre ellos y echando balones fuera. ¡A ver si logran amarrar el empate y pasan a semifinales en la tanda de penaltis!

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Pero es que los vertidos continúan aunque no abra titulares de periódicos. ¡Que más da si aquí no pasa nada! Tantos años premiando y dando subvenciones y condecoraciones a los que contaminan y burlándose de los que advertían de la agonía de la laguna. Entre todos la mataron y ella sola se murió. Luego alguno se quejará o se extrañará de que no vengan turistas este verano al Mar Menor. Bares, restaurantes, heladerías, hoteles, vacíos. Seguro que algún caradura lo achacará al «brexit». O a alguna conspiración judeo-masónica-comunista-independentista. Ya veréis como sí, no os ríais.

Otros lo verán como algo raro. ¿Raro? Lo que sí que es extraño es que no se hayan levantado ya nuestros antepasados de sus tumbas y nos susurren al oído por las noches, al pie de la cama «¡¿Qué habéis hecho, desgraciados?!».

 

© Javier L. García Escritor     (14 noviembre 2019)

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Javier L. García es escritor y vecino del sur de Murcia. Autor de varias novelas de ficción, poemarios, obras de relatos breves y “la guerra de las vías”, crónicas independientes de la lucha por el soterramiento de las vías en Murcia

 

 

«La caída de la veleta»

Cuando un partido pasa en apenas siete meses de 57 a 10 diputados, es que algo ha hecho mal. Francamente mal. Tanto para espantar a casi todos sus votantes. Alabo el gesto de Rivera dimitiendo y abandonando por completo la política. Aunque no era para menos después de tamaño descalabro, rara vez se hace de forma tan emotiva y rotunda ¡Chapó por él! ¡Sí señor! Eso sí, escuchando esta noche a Juan Marín en el canal 24 horas, vicepresidente de Andalucía por Ciudadanos, parece que no han aprendido la lección. Cambian de dirección como una veleta, siguen estrategias equivocadas hasta que se estrellan, pero no aceptan que se han equivocado. La culpa siempre de los demás. Pedro Sánchez no quería hablar con ellos, insistía, para estupefacción del periodista que le entrevistaba y muchos, imagino,en casa. Pues eso. Que hay que ser más humilde y reconocer que te has equivocado. O será más fácil que sigan rodando cuesta abajo en próximas citas electorales. La gente no es tonta y tiene memoria. Y sus votantes o ex votantes también…

© Javier L. García Escritor     (12 noviembre 2019)

 

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Javier L. García es escritor y vecino del sur de Murcia. Autor de varias novelas de ficción, poemarios, obras de relatos breves y “la guerra de las vías”, crónicas independientes de la lucha por el soterramiento de las vías en Murcia

 

Si odias a Murcia, probablemente seas idiota

Con la mitad del escrutinio supe que a Murcia le iban a llover memes y chistes crueles. La región era para Vox, que superaba al PP y se convertía en la primera comunidad autónoma que, previsiblemente, será gobernada por los de Abascal. Las elecciones han generado una lógica frustración en la izquierda española, más torpe que ninguna otra en esta ocasión, y necesitaba encontrar responsables o un chivo expiatorio. Los culpables estaban claros: Pedro Sánchez por convertir a la formación verde en un gigante. Luego estaban Iglesias y Errejón por la ceremonia de confusión que enterraba el 15-M del que se habían apropiado sin permiso. Esperaba las dimisiones el lunes pero el único que asumió su responsabilidad fue Albert Rivera, también responsable de lo de Vox pero mucho más digno. En cualquier caso estaba claro que en la izquierda nadie iba a pagar el pato, así que hacía falta un punching ball: Murcia.

Los menos ingeniosos arrancaban con el ya recurrente “Murcia qué facha eres”. Mi región lleva mucho tiempo convirtiéndose en diana para los chistes del gran Wyoming y El Mundo Today. Se nos dice que hablamos mal, que somos de Vox o que somos conformistas y se ha ido generando las sensación de que esto es el nuevo Lepe pero en facha. El caso es que en España ha habido muchas revueltas populares que se han ido deshinchando o han fracasado. Cuando los ciudadanos han logrado su objetivo se han convertido en leyenda, como ocurrió en Gamonal. En la ciudad de Murcia, cuando se anunció en 2017 que el AVE llegaría por superficie, la gente se tiró a la calle durante 200 días, manifestándose diariamente y paró las obras. Se les sometió a una presión policial anticonstitucional, se les impusieron por un total de 300.000 euros de multa hasta por comer pipas, se les dijo que eran ETA pero consiguieron que el tren no dividiese la ciudad. Otra historia. Cuando aparecieron las ruinas islámicas de San Esteban, en 2009, el Ayuntamiento siguió con su idea de destruirlas y construir un parking. De una primera protesta de 300 artistas y gente de la cultura se generó un movimiento social que acabó con el parking para siempre. Hoy hay que pedir cita para visitar el complejo y se ha aprobado el proyecto de musealización.

Donde otras regiones han abandonado la de Murcia siempre ha llevado su voluntad ciudadana hasta el final. No es un hecho actual, Cartagena defendió la idea federal española con una guerra en 1873 durante casi dos años contra todo el ejército español y varias flotas aliadas. Se comieron las ratas y los gatos, fundieron la plata de las iglesias para acuñar moneda cantonal, no la centralista, y tiñeron la bandera turca con sangre para que fuera toda roja. La épica no nos es desconocida, y Cartagena, odiada por Franco y Serrano Suñer, volvió a ser la última ciudad de la II República española como fue la que despidió a Alfonso XIII camino de exilio.

La región ha ido diluyendo su identidad en la de la nación y lo de Cataluña es un problema crítico aquí.

Si todo esto es así ¿qué ha pasado con Vox? Es sencillo: que mucha gente es de derechas, algo que no asume la izquierda, y cuando lo asume piensa que son tontos o malos. Vamos por partes. Viendo el mapa de votaciones por municipios encontramos que la zona donde el predominio de la ultraderecha ha sido mayor es el campo de Cartagena y los alrededores del Mar Menor. Queremos pensar que es un sinsentido que se vote para solucionar una crisis ecológica de ese tamaño a negacionistas del cambio climático, pero hay otros factores. Esta era una zona predominantemente PP. El descontento de la población con el partido gobernante desde 1996 es palpable, pero sus votantes siguen siendo de derechas. A la hora de cambiar de partido (que no iba a ser PSOE o UP) se descarta Ciudadanos porque son parte del actual gobierno, aunque quisiesen desmarcarse asistiendo a la manifestación de Cartagena el pasado 30 de octubre para pedir soluciones al horror de la laguna, un movimiento poco afortunado. A esto hay que unir que hablamos de una zona rural con un alto índice de cazadores (tema del que solo habla Vox) y un problema migratorio silencioso de primer orden. Los núcleos despoblados de una zona de secano han ido siendo ocupados por magrebíes y latonamericanos en la actual zona de regadío. La integración se ha producido con los latinos pero no con los magrebíes, que paradójicamente son la mano de obra barata que ha levantado aquel vergel. No hay un índice de violencia significativo pero no se ha generado una convivencia real; se convive sin mezclarse y se mira al otro con recelo.

Todo esto es criticable pero no desde eso tan gracioso de la “superioridad moral de la izquierda” porque la izquierda no ha dado una muestra de altura moral en las pasadas elecciones. Desde esta atalaya ficticia se condena a los votantes de Vox por ser racistas, xenófobos, violentos, negacionistas, fanáticos y mil cosas más pero no lo son. Se llama nazi a la gente que toma el café en el bar al con nosotros, a los padres de los compañeros de nuestros hijos en el colegio, al vecino que siempre nos cayó bien. No, no son nazis, son votantes de derecha, en la mayoría de los casos buenas personas, que han comprado un mensaje tremendista cuando su partido los ha decepcionado y a los que se les está comparando con Goebbels. Su partido sí es racista, xenófobo, violento, negacionista y más cosas, Abascal y compañía reúnen esos calificativos pero entre los votantes no todos compran todo el mensaje y votan por distintas razones que van del voto útil a la reacción al abandono de su anterior partido aunque hay un factor determinante que vive en Waterloo. Antes hablaba de las hazañas históricas murcianas pero hay algo por encima del amor a Murcia en los murcianos y es el amor a España o a su idea de España. La región ha ido diluyendo su identidad en la de la nación y lo de Cataluña es un problema crítico aquí. Tal vez muchos no lo entendáis pero es así, y esa situación quien la ha explotado, de forma muy demagógica, ha sido Vox que, gracias a Quim Torra, ha dado a uno de cada cuatro votantes razones de peso que ninguno de los otros ha ofrecido, más o menos lo que Bildu ha prometido en sentido inverso en Euskadi logrando resultados similares, pero es Murcia la que focaliza el odio y la burla. Precioso.

No, no son nazis, son votantes de derecha, en la mayoría de los casos buenas personas, que han comprado un mensaje tremendista cuando su partido los ha decepcionado.

 

Por otra parte se ha de hablar del desconocimiento del antiguo reino que dio dos de los grandes pensadores medievales, san Isidoro (que era de Cartagena) e Ibn Arabi, el místico sufí, al gran político español del siglo XVII, Saavedra Fajardo y al mejor intérprete del Siglo de Oro político, Cascales. Es la región moderna que puede presumir de una escena musical inigualada y de algunos de muchos grandes artistas y escritores. Esa Murcia que se ridiculiza es mucho más que un montón de votantes de Vox, los nuevos indignados (que están en su derecho de votar a quien quieran) máxime cuando quien se mete con Murcia tal vez viva en Andalucía o Madrid, comunidades en las que los de Abascal sí deciden en el gobierno. No todos votamos a Vox, tres de cada cuatro no lo hacemos pero nuestro fallo es no haber contado bien nuestra historia, ni quien somos ni por qué, de repente, somos la región de España de la que más se habla, después de Cataluña, claro. Habrá que ir pensando en todo esto como habrá que pensar en esta tierra tan distinta que puede someter a los votantes de izquierdas a la humillación última: votar al PP para que no gane Vox, y si no al tiempo. Intentar dar respuestas sencillas a asuntos murcianos es muy marciano.

En definitiva, si fuera mucha gente odia a los murcianos no es que los murcianos seamos malos, es que fuera hay mucha gente que es idiota.

© Nacho Ruiz

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«Murcia, qué incomprendida eres»

Hoy me han llegado, imagino como a ti, decenas de «memes»  y chistes al móvil. Sobre Murcia, ¡qué facha eres! Una región murciana coloreada en verde, como una isla en un mar rojo. Señalada por millones de dedos. ¿Y sabéis que os digo? Estos «memes» son divertidos. La naturaleza me regaló un amplio sentido del humor y valoro lo gracioso, y algo menos lo ordinario. Pero la burla también tiene un límite. Divierte, pero también duele. ¡Basta! No nos rompamos la cabeza en el muro de las lamentaciones, flagelándonos.

Claro que no me gusta los resultados de lo votado. No es justo ni creo que sea mejor para nadie. Pero hay que aceptar lo votado y luego reconstruir. De nada sirve destruir y criticar sin más. ¡Es tan fácil hacerlo! Tantos esfuerzo de años, de lucha y reivindicaciones de tanta gente, no pueden irse por el vertedero de las palabras y la decepción en un momento de ira. ¡No! ¡Así no! Hay que convencer y no solo quejarse o despotricar contra el fatal destino.

A veces se nos olvida que si queremos que nos quieran, que se aprecien nuestros actos, nuestras intenciones, y nos valoren, tenemos que ser fuertes, sinceros, carismáticos, inteligentes. Y crear ilusiones y esperanza. Y hay que seguir defendiendo con la pasión de un adolescente todo eso que amamos. Y explicar nuestras convicciones, una y otra vez. Tenemos la razón y ahora con más motivo hay que hacerlo, cuando la tormenta arrecia y parece todo perdido.

Bajo nuestra bandera no puede excluirse a nadie. Siempre lo diré y lo defenderé.  Hay que cobijar a los que estamos aquí y respiramos el mismo aire. Da igual el color de la piel, la nacionalidad o su religión. Todos somos hermanos de esta tierra, porque vivimos aquí. Un pasaporte, un papel, un carnet de identidad, no va a hacer mejor o peor a nadie.  Ni menos un puñado de mentiras o un discurso de odio. Aunque se repita mil veces, seguirá siendo mentira y odio.

Insisto. Hay que ilusionar a la gente para que su voto no vaya al mismo sitio.  Con líderes reconocidos y admirados por amor hacia su Región, su patrimonio ambiental, cultural, económico, y hacia sus gentes. Con la mente puesta aquí, con los nuestros, con lo nuestro, y no más allá del Delta del Ebro o el Manzanares. Personas que escuchen al obrero, al autónomo, al parado, al joven estudiante, al inmigrante, al pequeño empresario, al pensionista y puedan ofrecerles soluciones.

Tampoco es tan difícil, pero hay que tomárselo en serio. Y ya.

© Javier L. García Escritor     (11 noviembre 2019)

 

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Javier L. García es escritor y vecino del sur de Murcia. Autor de varias novelas de ficción, poemarios, obras de relatos breves y “la guerra de las vías”, crónicas independientes de la lucha por el soterramiento de las vías en Murcia

Viva Murcia, cabrones

El 20 de julio de 1923 moría emboscado Pancho Villa, el héroe de la Revolución Mexicana. Con él desaparecía el sueño de volver a ser la potencia mundial que ya nunca sería México en los días en que la gente gritaba por las calles ‘¡Viva México, cabrones!’. El lema nacional es una frase más enigmática de lo que parece. ¿Quiénes son los cabrones? En un principio, fue autoexaltación, algo así como ‘vamos todos a una, cabrones (nosotros)’. Luego fue de alegría en las borracheras, y los cabrones éramos nosotros y los otros. En los últimos años, entre la violencia y el descrédito político, el viejo grito de guerra revolucionario tiene demasiados significados y destinatarios.

Murcia no es México, la vida aquí suele ser plácida y tranquila como en ningún otro sitio del mundo, pero eso no significa que sea perfecta, hay cosas por hacer. A tenor de lo que hemos visto estos días, si esta región fuera como debe ser, mañana empezarían las demoliciones de casas ilegales, ampliadas y ocultas de la huerta. Pasado mañana se haría un estudio de impacto de la agricultura intensiva alrededor del Mar Menor. Ese mismo día se denunciaba a los que hubiesen incumplido las licencias y se practicaban las detenciones por crimen medioambiental. Los pozos y desagües serían cerrados al acabar el día. El jueves se despediría a toda la directiva de la Confederación Hidrográfica y se elegía otra. El viernes se levantaban todos los encauzamientos de acequias. Fuera todas esas tortas de cemento que hacían tapón y alteraban una obra maestra de la hidráulica medieval. Hay que ser burro.

© Nacho Ruiz

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Nosotros somos Murcia

Un 25% de la Región ha votado a un partido fascista alentada por la problemática con Cataluña.

Pero hay otra Región: La del «Murcia No Se Vende» que plantó cara a la especulación urbanística. La Murcia de las Vías que frenó el AVE en superficie. La feminista que congregó a más mujeres el 8 de Marzo que ciudades como Valencia o Sevilla. La Murcia de la PAH que ha parado más de mil desahucios. La que lucha en manifestaciones estudiantiles, de trabajadores, que defiende la sanidad y la enseñanza pública. Y la Murcia que quemó su propia Asamblea.

Nosotros somos Murcia, la valiente, la que se defendió siempre en la calle; bajo el frío, las porras y las multas. Y la que se defenderá de fascistas hasta hacerlos retroceder.

¡No pasarán! Murcia multicultural, obrera y antifascista. ✊

T.U.

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