FALLO DEL I CONCURSO RELATOS MURCIA SUR NEWS 2025

¡¡ENHORABUENA a GANADOR@S Y SELECCIONAD@S!!

Y GRACIAS a todos y todas por PARTICIPAR en este APASIONANTE concurso de relatos.

Más de 40 relatos participantes, la gran mayoría de excelente cantidad y muy interesante y amenos.

3 RELATOS GANADORES y 15 FINALISTAS/SELECCIONADOS que formarán parte del I LIBRO RECOPILATORIO DE RELATOS MURCIANOS que desde ya comenzamos a preparar y que a lo largo del primer SEMESTRE de 2026 esperamos tener listo.

OS EMPLAZAMOS, tanto a GANADOR@S, FINALISTAS, participantes y cuantos amigos y amigas quieran asistir, a asistir al ACTO CULTURAL DE ENTREGA DE PREMIOS y LECTURA DERELATOS que se organizará también en el PRIMER SEMESTRE de 2026, y se comunicará debidamente tanto en este BLOG, como en la página facebook MURCIA SUR NEWS, además de por correo y whats app a los FINALISTAS y GANADOR@S.

GRACIAS de nuevo y esperamos contar con vuestra participación en PRÓXIMOS CONCURSOS que este medio digital murciano muy pronto promoverá.

¡Un ABRAZO!

Javier G.M.

Escritor y coordinador cultural de MURCIA SUR NEWS y del Jurado

I CONCURSO RELATOS ‘MURCIA SUR NEWS’

Nos llena de satisfacción, organizar nuestro I CONCURSO DE RELATOS MURCIA SUR NEWS.

Abierto para todo el MUNDO. Plazo de presentación relatos, desde el 1 de marzo hasta 31 de mayo DE 2025

Publicación GANADORES y FINALISTAS, 9 de JUNIO.

Compartid estas BASES y Participad

¡En Murcia SUR News estamos deseando leer vuestros relatos murcianos! 🙂

I CONCURSO DE RELATOS

“MURCIA SUR NEWS»

BASES CONCURSO

  1. Pueden concurrir a este certamen todas las personas, independientemente de su edad, nacionalidad y lugar de residencia
  2. La temática de los relatos cortos debe girar en torno a historias reales o ficticias vividas o imaginadas ambientadas en cualquier rincón, pueblo o ciudad de la Comunidad Murciana, o incluso en pueblos y parajes de comarcas aledañas de la Sierra del Segura y la Cuenca del Segura (vega baja alicantina), y con los que existe una tradicional e histórica cercanía e identidad cultural.
  3. Los relatos se presentarán en castellano (permitiéndose y valorándose la introducción de giros y palabras propias de la tierra) y han de ser originales e inéditos. El formato será libre.
  4. La extensión de los originales será de un máximo de 5 hojas, a una cara, en tamaño DIN A-4,  en tipografía Arial, tamaño 12 e interlineado de 1,5. Solamente se puede presentar un trabajo por autor o autora.
  5. Los trabajos se presentaran a través de correo electrónico, en formato “pdf”. Los trabajos deberán enviarse a murciasurnews@gmail.com con el asunto “I Concurso Relatos Murcia Sur News”, pero sin indicar nombre ni apellidos. Si el relato resultara premiado o finalista, se solicitarían los datos personales a través de este mismo correo electrónico por parte de la organización.
  6. La fecha de presentación de los trabajos: Del 1 de marzo al 31 de mayo de 2025.
  7. El jurado dará a conocer el fallo a las o los autores de los relatos GANADORES y FINALISTAS el 9 de junio de marzo de 2025, Día de la Comunidad de Murcia. El fallo se publicará tanto en la página facebook (www.facebook.com/murciasurnews) como en el blog (murciasurnews.blogspot.com) y canal en youtube https://www.youtube.com/@murciasurnews3399.
  8. Los trabajos presentados seguirán siendo propiedad de sus autores y conservarán sus derechos sobre ellos para publicarlos donde considere. Solo se cede el derecho a Murcia Sur News sobre los relatos ganadores y finalistas a los únicos efectos de la publicación del Libro recopilatorio del certamen. El resto de relatos no ganadores ni finalistas se destruirán.

Los premios se entregarán en la ciudad de Murcia, en sitio, fecha y hora a concretar.

  1. El fallo del Jurado otorgará los siguientes premios y reconocimientos :
  • 1er Premio: Entrega de un LOTE de libros de autores/as murcianos/as, DIPLOMA y publicación relato Libro. También se entregará un ejemplar GRATUITO del LIBRO recopilatorio que se publique posteriormente. También se entregará un ejemplar GRATUITO del LIBRO recopilatorio que se publique posteriormente.
  • Accésit: Entrega LIBRO autor/a murciano/a, DIPLOMA y publicación relato
  • Finalistas (entre 10-15): DIPLOMA y publicación relato Libro).
  • En el plazo máximo de tres meses desde la publicación del fallo, Murcia Sur News se compromete a publicar un Libro recopilatorio de los relatos ganadores y finalistas en este concurso. Al GANADOR y ACCESIT, se le enviará por correo un ejemplar de regalo. Los FINALISTAS así como el/la GANADOR/a y ACCESIT podrán adquirir cuantos ejemplares quieran a Murcia Sur News con un descuento del 20% sobre el precio de venta en tienda, sin contar gastos de envío.
  1. Criterios de valoración y composición del Jurado
  • Calidad artística y técnica de las obras y la mayor o menor relación con la temática de este concurso.

El jurado estará formado por tres escritores/as murcianos/as de reconocida trayectoria literaria y seleccionados por este medio de comunicación. Sus nombres se comunicarán en el momento del fallo y en posteriores publicaciones

«BYE, UNITED KINGDOM», por Javier L. García Moreno

«BYE, UNITED KINGDOM»

Una estrella se ha desgajado hoy de la Unión Europea. Emotiva despedida en el Parlamento Europeo a los británicos. Algunos diputados lloraban sin consuelo. La voluntad de una ajustada mayoría de la nación inglesa (53,4 % de noes a quedarse, frente a un 46,4% de síes) y galesa se impuso al mayor europeísmo de la escocesa (un 62% de síes) y de la irlandesa del norte. Así que unos y otros se ven obligados a viajar en el mismo barco de ida y no se sabe si alguna vez de regreso. Y así ha sido hoy la despedida. Con lágrimas, emoción contenida y sin rencor. Lo que es seguro que las estrellas de la bandera europea seguirán brillando con intensidad. Seguro que vendrán más estrellas a unirse y a brillar por la que se fue…

© Javier L. García Moreno

30 de enero de 2020

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«Lo dejamos en tablas», por Miguel Ángel Sánchez Saez

LO DEJAMOS EN TABLAS

Copiar, imitar es una acción que desconoce edades. Y los críos queríamos ser goleadores como Cruyff o Amancio, correr como Asensi, que nos apodaran Pelé, desafiar a la gravedad como Iríbar o que un día Kubala te llamase para que tus amigos te viesen en televisión colar un gol. Sí, aspirábamos a todo eso y también a ser Tarzán o los más rápidos del oeste. Una caña de acequia era el caballo perfecto, más aún si llevabas un correaje de plástico y un revólver con fulminantes.

Aquellas botas de fútbol eran criminales, pero ¿quién podía resistirse a no ponérselas?

Solían llegar por Reyes y duraban poco. Unas porque se rompían pronto y otras porque el pie creía rápido, por eso te compraban un par bien desahogado, varios números por encima del tuyo. Como montado en un par de corbetas en cuyo interior había tanto espacio que los pies bailaban libres entre el talón y la puntera. Pero al menos duraban un tiempo.

Pocos teníamos botas de fútbol. A la espera de que alguien inventara las Paredes o las Kelme, a los zagales nos asignaban sin preguntar unas Tórtolas. La Tórtola era la marca de unos bambos que se venían haciendo en Elche sin apenas modificaciones desde 1947; lo de calzado deportivo es un término que entonces, en los 60, se desconocía en el lenguaje de la calle. Las Tórtolas eran sencillas, elementales a más no poder; una suela de goma blanca que en su parte final se estiraba para doblarse sobre sí misma cubriendo los dedos y reforzando la puntera. Sobre esa carcasa se mal cosía o pegaba una tela tipo lona, generalmente de color azul marino de escasa calidad, con dos pequeñas aberturas redondas con remaches de metal por donde se supone que el pie respiraba. ¿¡¡Respiraba!!? La mezcla del sudor con la lona producía un olor inexcusable que sólo aguantaba el que las llevaba. Desde luego en casa el asunto era un problema cada vez que te las quitabas. El hedor impregnaba toda la habitación y más allá. Mamá siempre te mandaba a lavarte pero recuerdo que eso, más que una solución, era un paliativo. “¡¡Te voy a cortar los pies!!”, “¡¡Qué peste a zorros muertos!!”. Imposible eliminar la fetidez. Siempre quedaban rescoldos.

La industria farmacéutica ofrecía entonces una solución que vendía como definitiva: los polvos Peusek. Los polvos Peusek para los pies y la crema Bily para las axilas tenían en común que taponaban directamente los poros y, claro, por ahí no sudaba ni dios, aunque el Bily, más generoso, te compensaba con unos maravillosos golondrinos en los sobacos.

Pero hablaba del Peusek, no del Bily. Directamente te obligaban a meter ‘los quesos’ en una zafa de porcelana o plástico con agua caliente, verter los polvos y esperar media hora. El tiempo pasaba lento mientras, a falta de mejor ocupación, observabas las diminutas olas que creaba el movimiento de tus dedos y escuchabas el lento chapoteo de las aguas blanqueadas por el Peusek de los güevos. El crío, advertido seriamente, puro nervio y pensado en la calle, debía esperar mansamente para cumplir con absoluta escrupulosidad el ritual que describía el fabricante. Acabada la ceremonia en la que, a fuerza de tanto mirarlos, por cojones terminabas reconciliándote con la parte más extrema de tus extremidades, mamá te daba dos pares de calcetines bien gordos que te enfundabas unos sobre otros, y ordenaba calzarte las alpargatas de deporte y salir a sudar. Decían las indicaciones que así estabas salvado del síndrome del pie corrupto por lo menos tres meses, pero el mágico remedio te protegía a ti, a los tuyos y al medio ambiente no más de un par de semanas. Y jamás de forma absoluta. A veces eran necesarias dos aplicaciones, y ni así. De tal forma se nos cocían los pies entonces, aunque según sostiene Murphy en su famosa ley, todo lo que es susceptible de empeorar, empeora. Y efectivamente el potaje que ofrecía la mezcla de La Tórtola y los pies de los críos alcanzaba la exquisitez de olla podrida si lo que calzabas eran unos bambos La Perdiz, que eran de la misma casa que La Tórtola, pero de inferior calidad. A simple vista sólo se distinguían por el nombre… y por las diferentes propiedades de la fragancia, que alcanzaba notas más profundas y persistentes. Una mayor fijación y durabilidad, definiría el perfumista.

Lo que los mayores no entienden es que el niño es feliz con sus olores. El niño no es gato, es cánido, y le gusta llegar a su cubil y oler a perro, a sí mismo y a todo de lo que se ha impregnado en la calle. ¿De qué otra manera se puede entender la natural aversión del niño al agua? Me refiero al agua con jabón y al baño semanal de aquellos tiempos. Lo natural no es la higiene sino lo contrario. Sólo la férrea disciplina consigue con los años desterrar la parte animal y dar paso al hombre civilizado, que jamás logra apartar, ni siquiera en la vejez, la tentación de disfrutar de sus flujos y vahos.

Si en casa te ayudaban a superar ese estadio inicial y primitivo de las bambos comprándote unas verdaderas botas de fútbol, de reglamento, entonces los problemas eran otros siempre y cuando fuesen de cuero y no de plástico. Porque el plástico y tus pies formaban una verdadera entente capaz de hacer frente a cualquier alianza conocida entre tú y La Tórtola y su sucedáneo La Perdiz.

Pero la prueba inequívoca del valor del sudor la encontrabas en su capacidad para ayudar a adaptar la bota al pie. Antes pasabas por el calvario de las rozaduras y las ‘bambollas’. Y las sufrías en silencio porque alguien te podía decir “nena”.

A cambio quedabas premiado con la sensación de participar en un partido de veras, de los que ponían en la tele, de los que jugaban los mayores; premiado con la convicción de incorporar un par de alas que proporcionaban habilidad y mejoraban tu rendimiento. Premiado con el convencimiento de que con las botas regateabas mejor y chutabas más fuerte. Premiado con el momento indescriptible de la ceremonia del atado. Eso de coger los largos cordones y, una vez tensados, cruzarlos con esmero y pasarlos cuidadosamente, desde el empeine, por la suela una vez y dos veces hasta dejarlas bien sujetas, culminando con un perfecto doble nudo. El deleite de lo simple.

Casi nadie llama ya salagustín al saltamontes, Los niños no los cogen porque temen sus sierras y les asquea la baba que sueltan. El universo de las consolas es más sugerente que una charca de ranas o un bancal de habas frescas. Casi no interesan los gusanos de seda ni el milagro de su transformación. Ningún niño de ahora cambiaría sus Nike por unas Tórtolas; tampoco su botas de reglamento por otras de plástico. Yo tampoco trocaría mis Perdiz nuevas. Lo dejamos en tablas.

© Miguel Ángel Sánchez Sáez. (Enero 2020)

Periodista nacido en el barrio murciano de Santiago el Mayor, actualmente residente en Almería.

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«Cambiemos el nombre» de la Guerra Civil, artículo de Nacho Ruiz

Lo he pasado muy mal esta semana. He visto a necios llamar al ejército a intervenir el Congreso de los Diputados y, para los que nacimos antes de 1975, eso no es ni cine ni literatura, son tanquetas en la calle camino del colegio. He visto a miles de anónimos amenazar a políticos electos con mensajes en los que se decía que su domicilio y el colegio de sus hijos eran conocidos. He visto montañas de mierda sepultar, hasta casi ahogarla, a mi vieja España, que es una madre bruja que igual te lleva mágicamente al sueño glorioso de la historia que te baja al patio y te da una paliza con una vara que deja el culo rojo. He visto, en definitiva, a imbéciles que quisieran otra guerra civil y no voy a consentir eso, no voy a permitir que mis hijos cojan un fusil porque un puñado de idiotas no haya entendido la democracia. Eso ya le pasó a sus bisabuelos y seguimos pagándolo.

No me gusta Bildu como tampoco me gusta JuntsxCat o VOX, porque no me gustan los nacionalistas extremos pero el caso de Bildu es significativo. Estos días se ha resucitado a ETA como no pensé que ocurriría. Mi vida transcurre paralela a la de aquella banda de criminales y mis recuerdos son nítidos: fue espantoso, un horror de décadas que se acabó hace casi diez años. Se rindieron y se pasaron a la democracia. No fueron los primeros, ha ocurrido con decenas de revolucionarios marxistas como ha pasado con jerarcas fascistas, es el famoso “punto final” que se usa tanto. Hoy Bildu es una organización que se presenta a las elecciones, entonces los votan y ganan escaños en el Congreso de los Diputados. Se llama democracia. Yo tengo serias reservas con la democracia. Todos las tenemos pero no lo reconocemos porque, en lo más íntimo, pensamos que los demás son menos listos que nosotros, por eso votan mal. Juzgamos al otro asignándole el rol de rival, aunque lo vemos como enemigo. Dentro de una filosofía guerrera queremos que se muera el enemigo, pero los de izquierdas no se van a morir aunque se desee ardientemente. Los de derechas tampoco, ni los nacionalistas, independentistas ni regionalistas.

 

No me gustan las ideologías pero es muy difícil sustraerse de ellas. Al igual que un culo, todo el mundo tiene una ideología. Volviendo a Bildu: los prefiero como cargos electos, participando en la democracia, antes que en los montes con una pistola. Me gustan más en la tribuna del Congreso con el aval de unos miles de vascos que los eligen libremente que con el pasamontañas y la txapela. Hasta qué punto darían miedo entonces que no nos dimos cuenta de que una boina encima de un pasamontañas es una cosa bastante ridícula.
El PP es necesario, como lo pudo ser Ciudadanos, porque casi la mitad de los españoles son de derechas y tiene derecho a serlo, de la misma manera que debe existir el PSOE o Podemos porque la otra mitad es de izquierdas. Pensar que el otro es más tonto o más malo que yo porque vote otra opción evidencia que el tonto soy yo, y si le deseo la muerte está claro que no soy el bueno.

He pensado cómo acabar con esa nostalgia aberrante de la guerra civil y he llegado a la conclusión de que hay que modificar el nombre. Si pensamos en la I Guerra Mundial no podríamos llegar a imaginar el manto de dolor que cubría Europa en 1920 (otros años 20, como estos) pero hoy es como un suceso histórico lejano, porque solo el tiempo cura. El caso es que con la siguiente Guerra Mundial la primera se convirtió en un hecho histórico, lejano, casi literario de la misma forma que la Guerra de Corea y la de Vietnam convirtieron la Segunda en cinematográfica.

 

La Guerra Civil Española no ha sido la única, de hecho si nos vamos a los Reyes Católicos podemos contabilizar 22 guerras civiles españolas, dependiendo del historiador, de manera que la del 36-39 podría ser la “Vigesimosegunda Guerra Civil”. Pero si nos centramos en la idea del moderno estado y nos vamos a 1812 podríamos contabilizar tres Guerras Carlistas, el levantamiento cantonal, discutir la Revolución de 1868, lo de Los Cien Mil hijos de San Luis… en definitiva, la más reciente podría ser la Quinta Guerra Civil Española. Pensarán que es una idiotez pero ese número aleja en el tiempo y la memoria un hecho que en los hogares españoles sigue demasiado cerca. No bastaría para que aquel dolor infinito desaparezca, habrá que devolverle a la gente a sus familiares mal enterrados en las cunetas, acabar con símbolos absurdos y abrazar la modernidad de una vez.

Nadie puede querer más a España que yo. Igual, tal vez; pero más, no. Y esa España que amo debe alejar de una vez por todas ese fantasma de un hecho que no puede albergar gloria alguna porque la guerra huele a mierda, decía Orwell tras su paso por el frente de Aragón. Huele a la mierda de las trincheras y el miedo, a la mierda de país que dejó la guerra. No entenderé nunca como hay gente a la que le gusta el olor a mierda, la verdad.

 

Nacho Ruiz

Articulista de opinión y colaborador cultural en diarios y revistas especializadas culturales. Director Galería de arte T20.

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«Atardeceres», «Una tierra de poesía» – Rincón Literario

«Atardeceres con olor a brisa fresca y tierra quemada

a piel mojada, a besos de sal, a arena

que moldea las huellas de los amantes del mar…

 

Atardeceres en calas recónditas

donde el tiempo parece detenerse…

 

Atardeceres con aroma a mar,

a murmullo incesante, a eterno oleaje…

a tonalidades intensas y cegadoras,

que al morir el sol se vuelven rojas como la sangre….

 

Atardeceres sobre el paraíso de Calblanque…»

 

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Texto: © Javier L. García Moreno

Fotografía: © Javier Lorente

 

Lugar: Calblanque

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Javier Lorente es artista plástico,                 
fotógrafo, promotor cultural                            
y activista social                                              
(Pozo Estrecho, Cartagena) 

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  Javier L. García es escritor, novelista,
  y poeta, con más de diez obras. Colaborador de
  esta página y autor de las crónicas murcianas «la guerra de las vías»
  (La Palma, Cartagena). 

«El entierro de la sardina», por Nacho Ruíz

Cuando era pequeño mi madre nos llevó a mi hermano Antonio y a mí al Entierro de la Sardina, una fiesta murciana en la que los ricos beben alcohol y tiran juguetes baratos desde carrozas a un populacho entusiasmado. Entonces -primeros 80- la gente iba alrededor de las carrozas suplicando balones de goma y pitos. Yo debía tener unos diez años. Me recuerdo con media melena, un jersey amarillo y los brazos en alto en medio de la pequeña multitud. Como era un crío no cogía nada. Entonces cayó en el asfalto un torito de plástico. Me agaché y lo cogí. Un hombre frente a mí lo vio. Me dio un rodillazo en la boca y me lo quitó de las manos. No me dolió en el momento pero supe que me había hecho mucho daño. El hombre me miró con cara de susto unos segundos y se fue detrás de la carroza. No lloré al principio, no hasta que vi que la sangre me caía a borbotones sobre el jersey amarillo. Entonces fui a buscar a mi madre. Casi se muere del susto y me echó una bronca mientras me llevaba a la casa de socorro donde me recompusieron el desastre. Aquel hombre me había destrozado la boca por un juguete barato.
José Gutiérrez Solana también odiaba el Entierro de la Sardina en realidad. Este cuadro debería ser alegre pero es espantoso. La diversión de estos dos enmascarados es etílica y grotesca. Su celebración se desarrolla en una nada sombría, en el no lugar del miedo y lo sórdido, en un fondo oscuro. Las máscaras no son divertidas, son espeluznantemente similares a un juego de animatróncos que le gusta a mi hijo Hugo, Five nights al Freddie’s en el que los personajes disfrazados han muerto violentamente. Hasta los fondos se parecen. estos dos podrían estar también muertos y disecados.
Solana vio cuando era niño cómo uno de estos mascarones entraba a robar a su casa y peleaba con la cocinera. Un par de años después volvió a entrar otro, borracho, solo para divertirse, dejando al niño escondido y en shock. Odiaba con todo su ser a estos borrachos descontrolados que en carnaval o el Entierro rompían el orden de la vida para ser otra cosa vestidos de mujeres con cabeza de burro. Lo que para otros es alegría para él es lo peor del ser humano que se niega a sí mismo y aprovecha su anonimato para violentar las normas y la vida de los demás.
Solana, el gran maestro universal aún por reconocer, vio y vivió demasiadas cosas en su infancia y su pintura no dejó de ser la constatación. Cuando era muy pequeño vio cómo un repartidor de periódicos le sacaba el ojo a su perro con un hierro afilado, vio morir a su hermanita, vio la locura. En los cuadros de Solana siempre está la construcción del mundo que hizo en una infancia en la que vio y vivió más de lo que le tocaba a un niño.
Los niños que no disfrutan de infancias convencionales no pueden ver el mundo de forma convencional. A mí me pasa. Hubiera querido ver y vivir menos y, aunque me hago mayor, duele. En los cuadros de Solana está esa tristeza infantil, no deja de contar el mundo como la infancia se lo hizo ver. Son pura melancolía. En este cuadro, como en todos, no está la fiereza que los expertos ven en Solana, está el relato de su infancia porque no somos otra cosa que los niños que fuimos o, especialmente, que no pudimos ser.
Y así es cómo un cuadro sombrío y grotesco resulta ser en realidad un cuento autobiográfico triste y doloroso. Hay que tener cuidado con los niños. No les puede faltar cariño como no les puede faltar comida. Hay que alejar la violencia de ellos todo lo posible. Quien pueda hacer algo que lo haga.
Buenos días.

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© Nacho Ruiz

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«Un paseo por las nubes», poema «Una tierra de poesía» – Rincón Literario

UN PASEO POR LAS NUBES

 

«Sobre las colinas
que abrigan la irreductible ciudad
el explorador observa
una mágica bahía protegida por un extraño manto de nubes…

Sobre las colinas
desnudas al beso delicado del mediterráneo
el explorador escucha
recuerdos de tiempos muy lejanos…

Cañones resonando al amanecer
en las viejas y polvorientas baterías,
viejas fragatas volviendo a zarpar
bajo la «boria» como barcos fantasma…

Sobre las colinas,
la vieja urbe se redescubre gloriosa
renacida de mil batallas y terribles asedios
y el observador
cautivado, embelesado…
simplemente se enamora…»

 

Texto: © Javier L. García Moreno
Fotografía: © Javier Lorente

Lugar: Bahía de Cartagena

 

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Javier Lorente es artista plástico,                 
fotógrafo, promotor cultural                            
y activista social                                              
(Pozo Estrecho, Cartagena) 

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  Javier L. García es escritor, novelista,
  y poeta, con más de diez obras. Colaborador de
  esta página y autor de las crónicas murcianas «la guerra de las vías»
  (La Palma, Cartagena). 

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