El 20 de julio de 1923 moría emboscado Pancho Villa, el héroe de la Revolución Mexicana. Con él desaparecía el sueño de volver a ser la potencia mundial que ya nunca sería México en los días en que la gente gritaba por las calles ‘¡Viva México, cabrones!’. El lema nacional es una frase más enigmática de lo que parece. ¿Quiénes son los cabrones? En un principio, fue autoexaltación, algo así como ‘vamos todos a una, cabrones (nosotros)’. Luego fue de alegría en las borracheras, y los cabrones éramos nosotros y los otros. En los últimos años, entre la violencia y el descrédito político, el viejo grito de guerra revolucionario tiene demasiados significados y destinatarios.
Murcia no es México, la vida aquí suele ser plácida y tranquila como en ningún otro sitio del mundo, pero eso no significa que sea perfecta, hay cosas por hacer. A tenor de lo que hemos visto estos días, si esta región fuera como debe ser, mañana empezarían las demoliciones de casas ilegales, ampliadas y ocultas de la huerta. Pasado mañana se haría un estudio de impacto de la agricultura intensiva alrededor del Mar Menor. Ese mismo día se denunciaba a los que hubiesen incumplido las licencias y se practicaban las detenciones por crimen medioambiental. Los pozos y desagües serían cerrados al acabar el día. El jueves se despediría a toda la directiva de la Confederación Hidrográfica y se elegía otra. El viernes se levantaban todos los encauzamientos de acequias. Fuera todas esas tortas de cemento que hacían tapón y alteraban una obra maestra de la hidráulica medieval. Hay que ser burro.
© Nacho Ruiz

