«Murcia y su huerta»

MURCIA y su HUERTA

FB_IMG_1576104149158.jpgEstos dìas parecemos estar muy concienciados con respecto a las cuestiones del Medio Ambiente y al peligro de modificar estados de la naturaleza que , durante siglos, mantuvo un equilibrio. Lo hemos visto en el Mar Menor, en donde por modificar la agricultura y la población colindante, lo han aniquilado. Lo hemos visto en La Manga, un lugar paradisíaco que ahora yace bajo un hacinamiento de hormigón arrojando al mar toneladas de inmundicias a diario. Lo vemos en nuestra huerta, donde el entubado de acequias (lo llaman «nuevo regadío») esconde el robo del agua, porque el agua es más «manejable» cuando no se ve. Esto acabará destruyendo ecosistemas insustituibles. Pongamos fin a todo aquello que destruye la naturaleza porque ella nos pertenece a tod@s.

Por María Manzanera

CADA VEZ, MENOS CASCO ANTIGUO

CADA VEZ, MENOS CASCO ANTIGUO

Por Patrimonio de Murcia

Fanpage: @patrimoniomunicipiodemurcia

Aquí podéis ver el edificio que sustituirá al inmueble recientemente derribado de la hornacina de la calle Santa Teresa, edificio que carecía de protección.

La desaparición de la escasa arquitectura tradicional que queda en Murcia (que al fin de cuentas es la que conforma mayoritariamente cualquier conjunto histórico-artístico que se precie), nos condena a contar cada vez con menos casco antiguo reconocible como tal, como viene ocurriendo desde 1950.

Lo que clama al cielo es que siendo conscientes de lo nefasto de esta práctica, que nos lleva a la irrelevancia patrimonial y turística, desde el Ayuntamiento de Murcia no se haga un propósito de enmienda al respecto y no cambie de una vez esta forma de actuar, ampliando el catálogo de edificios protegidos del PGOU como propone esta Plataforma.

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«La guerra de las vías», crónicas murcianas sobre el conflicto de las vías

«EL DESPERTAR DE SEPTIEMBRE»

Primera entrega de «La GUERRA de las VÍAS»

Un movimiento vecinal que pasa a convertirse en septiembre de 2017 una lucha reivindicativa y social en toda Murcia, con miles de personas en la calle a diario.

Protestando contra el muro del AVE que está llegando a la ciudad y reivindicando unas vías soterradas y SIN muros que partan la ciudad.

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«LA CAÍDA DEL MURO»

Segunda entrega de «La GUERRA de las VÍAS».

Las crónicas diarias de un apasionante y crucial mes de OCTUBRE de 2017. En este libro podrás conocer episodios tan decisivos como la caída del muro o la manifestación en Madrid.

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CONSIGUE con un solo clic estas CRÓNICAS independientes de unos momentos históricos para la ciudad de Murcia, ejemplo de lucha social y vecinal más allá de nuestras fronteras, y te llegarán a tu domicilio en cualquier parte del mundo.

Escritas por el escritor murciano Javier L. García Moreno, con la COLABORACIÓN  de «Murcia Sur News»

«EL DESPERTAR DE SEPTIEMBRE» https://amzn.to/36o8kQR

«LA CAÍDA DEL MURO»   https://amzn.to/2qFR76e

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«Bellas sultanas», poema «Una tierra de poesía» – Rincón Literario

BELLAS SULTANAS

 

«Día ventoso.
Sobre los campos labrados
al sur del Cabezo Gordo…

Ese milenario monte en mitad de la llanura
contempla en la lejanía
la melena al viento, desarbolada,
de sus bellas y altas palmeras…

Día ventoso
sobre los campos fértiles
de la vieja espartaria…

Un suspiro cálido de poniente
acaricia y mece el talle de sus legendarias sultanas…
Mientras, alguna errante nube
navega por el infinito cielo azul
hacia otro continente, más allá del mar…»

 

Texto: © Javier L. García Moreno

Fotografía: © Javier Lorente

 

Lugar: Municipio de Torre Pacheco

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Javier Lorente es artista plástico,                 
fotógrafo, promotor cultural                            
y activista social                                              
(Pozo Estrecho, Cartagena) 

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  Javier L. García es escritor, novelista,
  y poeta, con más de diez obras. Colaborador de
  esta página y autor de las crónicas murcianas «la guerra de las vías»
  (La Palma, Cartagena). 

«El callejón», por Miguel Ángel Sánchez Saez

EL CALLEJÓN

Íbamos todos los días a la “otra calle”. La otra calle era la calle Morera. Lo hacíamos casi siempre a través del “callejón”; un estrecho y oscuro pasillo de apenas un metro de ancho y 50 de largo, que aún existe entre las calles Morera y Del Huerto. Hoy no se puede recorrer porque una puerta enrejada y un tapiado colocados en ambos extremos impiden el paso.

Cuando caía la noche, el callejón era un lugar tétrico que abría de par en par las puertas a los pensamientos más espantosos; una garganta negra capaz de tragarlo todo. El niño y la oscuridad raramente se llevan bien.

La débil luz de la calle Morera era suficiente como para no ver nada más allá del marco de la entrada del lúgubre pasadizo. Sin embargo nadie quería dejar de experimentar el miedo. Por eso el reto era desafiarnos a traspasar la línea que marcaba el principio del infierno. Los minutos que precedían al ritual que celebrábamos cada noche transcurrían despacio entre conversaciones sobre Drácula y otros seres del inframundo.

Entretenía las tardes soleadas y coloridas de mediados y finales de los sesenta un popular programa de la televisión protagonizado por singulares individuos creados y dirigidos por Óscar Banegas. Al salir de clase, a nosotros, los párvulos del Susarte, nos esperaban las aventuras en blanco y negro de los Chiripitifláuticos, un disparatado grupo que hipnotizaba y sumergía a los críos en las historias más absurdas mientras sosteníamos en las manos la merienda de pan y chocolate. A veces torrijas. Pan frito mojado en leche, azúcar y un espolvoreado de canela enriquecidos por las manos de mamá.

“Hola amigüitos, buenas tardes tardes», se presentaba Locomotoro, “el más pirindolo”. Como con los Reyes Magos, cada cual tenía su personaje favorito. “La dulce y fina” Valentina “como una sardina”; el Capitán Tan y sus delirantes viajes “por todo lo largo y ancho de este mundo…’.

Yo que me había divertido tanto con aquella banda andaba por ahí impactado por un acontecimiento. Los Chiripitifláuticos, metidos en una siniestra cueva para desentrañar el origen de estremecedores aullidos provenientes de su interior, tuvieron que enfrentarse al Gigantón Antón, que a la postre no era más que un ser de aspecto horrible pero con alma infantil y deseos de amigos con quienes jugar. Sin embargo, el feliz desenlace de aquel misterio no impidió que yo quedara algo traumatizado convencido de la existencia real de monstruos. Verdaderamente la figura aterradora del Gigantón Antón me quedó grabada durante largos meses. No fui el único. El Gigantón Antón ya formaba parte por méritos propios de la gran familia de los horrores formada por Drácula, el Hombre Lobo o Frankenstein, que todos recordábamos oportunamente cada noche cuando, frente a la entrada del sombrío callejón, nos proponíamos cruzarlo y salir con vida.

Antes de la primera tentativa, los comentarios eran ágiles, simuladamente desenfadados, pero era innegable que estaban contagiados por el miedo y el nerviosismo. En realidad nuestros terribles monstruos eran el hijo de Perico el Sordo, Enrique, y su primo Manolo, ambos vecinos y zagalones de 13 ó 14 años con ganas de juego a costa de los que aún gastábamos babi y ensuciábamos casi a diario los calzoncillos, unas veces con los restos del culo mal limpiado y otras por escapes involuntarios pero inevitables por un exceso de confianza en la capacidad de refrenar lo que pujaba por salir. A esas edades ocurre a menudo sin distinción de géneros ni clases sociales

La presencia allí cada noche de Enrique y Manolo, que podían acceder al callejón desde sus casas, no era segura. Dependía de si tenían tiempo y deseo de situarse en algún lugar del oscuro corredor, agazapados, escuchando nuestras conversaciones, para darnos un susto de muerte. Eso ocurría dentro del estrecho corredor, porque fuera, los chiquillos seguíamos decidiendo, titubeantes, si capuzarnos o no en aquel corto pero macabro pasillo.

… Hasta que alguien, un verdadero valiente, reunía la fortaleza suficiente para despreciar el riesgo dando un primer paso que animaba al resto. Uno a la cabeza –nunca fui yo- y los demás detrás, todos caminando muy despacio, tensos, entre silencios rotos por el susurro de alguno a quien la excitación le impedía tener la boca cerrada. Drácula no debía sentir nuestra presencia.

Si Enrique y Manolo tenían algo mejor que hacer esa noche, la procesión de cagones contaba con una posibilidad de llegar al otro extremo del pasadizo. Lo normal era que recorridos unos pocos metros, al primero le venciera la tensión y se girara brusca e inesperadamente buscando con ansiedad la salida, provocando un griterío ensordecedor y la espantada general. Una precipitada huida en la que, intercambiado el orden, los primeros ahora iban los últimos atropellando a los últimos que ahora íbamos los primeros.

Todos sabíamos que era un juego, pero nosotros, más pequeños, sentíamos el latigazo del miedo y el azote de la agitación, la torpeza y el desorden que desata el pánico. Aquéllas enloquecidas escapadas encogían estómagos y desbocaban corazones.

Y a todo esto sin que Enrique y Manolo hubieran dado todavía señales de vida. Seguramente porque esa noche, como tantas en las que se desató el espanto, no estaban.

O tempora, o mores, ¡¡qué tiempos, qué costumbres!! Qué manera tan intensa de vivir la calle. Qué estrechas relaciones se establecían en segundos y qué rápido podían llegar el enojo y la pelea. Pero de esos años perduran sólidos vínculos que alegran las almas.

Ayer leía la conversación que mantenían dos profundos conocedores como son Pepe López Muelas y Fina Gómez acerca del pasado del barrio, algunos aconteceres, su transformación, las gentes y las amistades que están y las que no están, y volví a sentir la cercanía a Santiago El Mayor que jamás me esquiva y siempre me encuentra.

Puedes vivir en cualquier sitio y ser razonablemente feliz. Puedes vivir en el lugar donde te criaste y sentirte sólo, desgraciado y distanciado del pasado. Ay de aquél que no se memora en sus amistades primeras. Pobre del que camina por las aceras de su infancia y no reconoce ni le reconocen.

La reunión de madurados hombres y mujeres que sin saberlo cultivaron la amistad desde las edades tempranas, devuelve mucho más de lo que se dio. Porque cuando se miran no sólo ven el presente, sino también a aquellos pequeños críos que ya entendieron que la mejor manera de superar los aterradores ‘callejones’ de la vida es ir acompañado de quienes merecen confianza.

Un caluroso abrazo, vecinos.

—-

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(Vista del callejón desde la calle Morera sin la techumbre que le recubre por la entrada hoy tapiada de la calle Huerto)

© Miguel Ángel Sánchez Sáez. (06 diciembre 2019)

Periodista nacido en el barrio murciano de Santiago el Mayor, actualmente residente en Almería.

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Más de mil vecinos de los Alcázares cortan la autovía 06.12.19

Más de mil vecinos de los Alcázares cortan la autovía este día 06 de diciembre de 2019 para protestar por el abandono de las administraciones por las inundaciones de la DANA y el estado del Mar Menor, exigiendo soluciones ya

«El Huerto de Cándido y su abandono», queja de una vecina de La Palma (Cartagena)

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Por Toñi Pérez

El Huerto de Cándido,era un espacio de 3.775 metros situado en La Palma con más de 223 especies vegetales diferentes, y Cándido se encargó de darle forma durante los últimos 65 años. Allí llevaba a niños y mayores, excursiones y guias, en 2017 lo cedió al ayuntamiento para hacer de él un jardín botánico abierto al público. Después de su fallecimiento el pueblo de la Palma eligió este huerto en los presupuestos participativos para remodelarlo y hacer el sueño de Cándido realidad. En 2018 se realizaron algunos pequeños avances pero de repente todo se paró y el huerto se ha convertido en un montón de escombro, lleno de plantas secas y víctima de ladrones y vándalos.
Pues bien, Ayer en el pleno del ayuntamiento,MC le pregunta al gobierno por el Huerto de Cándido y su regeneración y su respuesta fue: Hay un nuevo heredero estamos investigando el parentesco y si no hay nada que aportar,con los presupuestos del 2020 iniciarán su remodelación.
Otra vez más, nos toman por tontos! Nadie de la familia de Cándido, conoce a ese supuesto heredero. Este huerto fue cedido por Cándido en vida, dicho huerto nunca entró en herencia. Cuando van a dejar de poner excusas? Donde esta el dinero que se asignó de los presupuestos participativos?
NO NOS TRATEN COMO TONTOS, SOMOS DE PUEBLO PERO NO LERDOS!!!

«Los últimos molinos», poema «Una tierra de poesía» – Rincón Literario

LOS ÚLTIMOS MOLINOS

 

«Míralos
Ahí siguen.
En pie. Resistiendo
Titanes petrificados por el tiempo
En la vieja espartaria que ya no se reconoce
Míralos
Al atardecer.
Bajo un sol interminable y abrasador de Levante
Dignos, a pesar del sempiterno olvido,
viajeros del tiempo
y señores del viento
algunos ya solo piedras amontonadas…

Míralos,
Ahí resisten,
las últimas y podridas colañas en su capitel
Y su eje roído apuntando hacia el cielo, como un brazo en alto que no se rinde en la derrota del lentisco…

Míralos.
Ahí siguen
esos valientes molinos cartageneros…»

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Texto: © Javier L. García Moreno

Fotografía: © Javier Lorente

Lugar: Molino cerca de Santa Ana (Cartagena)

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Javier Lorente es artista plástico,                 
fotógrafo, promotor cultural                            
y activista social                                              
(Pozo Estrecho, Cartagena) 

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  Javier L. García es escritor, novelista,
  y poeta, con más de diez obras. Colaborador de
  esta página y autor de las crónicas murcianas «la guerra de las vías»
(La Palma, Cartagena). 

«Otra Murcia es posible», por Nacho Ruiz

En 1879 la Riada sede Santa Teresa se llevó por delante la huerta y a quien la habitaba, causando cientos de muertos que, en algunos casos, aparecieron en Guardamar. Vino Alfonso XII a hacerse una foto (un grabado, en este caso) y cuenta una leyenda que debe ser cierta, que una mujer que lo había perdido todo dijo “pobretico, cómo se ha puesto las botas” En ese momento y en esa frase se concentran los males de Murcia aún un siglo un medio después.
Esta noche mucha gente no va a dormir en Murcia, la lluvia amenaza las casas y las vidas de muchos de mis vecinos en Los Alcázares, Torre Pacheco etc. La región es vanguardia en la evidencia del cambio climático por causas humanas. Para una vez que somos vanguardia es constituyendo la primera línea de lémures camino del precipicio.
Lo hemos hecho mal, hemos acabado con nuestro mar y hemos tratado a la tierra con tal falta de respeto que se niega ahora, bajo la capa de cemento, a absorber un agua torrencial que busca, sin bosques ni otros obstáculos naturales, nuestro Mar Menor para rematarlo de una vez por todas. En cierta forma no tenemos derecho de queja, hemos consentido en todo, somos cómplices, unos mucho, otros testimonialmente pero muy pocos hemos levantado la voz contra esto y si lo hicimos es obvio que no fue lo suficiente.
Murcia es una gran oportunidad por todo ello.
Este es el territorio en el que explorar causas y soluciones. Tenemos por delante el reto de recuperar el Mar Menor, podemos investigar efectos de lo que hemos provocado, podemos experimentar soluciones. Debemos estar a la altura de lo que tenemos por delante. Hay otra Murcia posible. No estamos en el camino, es cierto, el auge de VOX es la prueba de hasta qué punto estamos en una vía muerta pero no por ello hay que dejar de creer, de pensar que otra Murcia es posible y que vamos a ser capaces de iluminarla.

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© Nacho Ruiz  (02 diciembre 2019)

Nacho Ruiz es articulista y colaborador habitual en diarios y semanarios culturales. Copropietario de la Galería de Arte T20

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«Sin pantallas», por Menchonetti – Rincón literario

Perder el tiempo viendo realities cuando lo real es tu jodida existencia. Mensajes de buenas noches,

buenos días, despedidas, grupos, y emoticonos.

Falsos disfraces

a modo de filtro para disfrazar

nuestros sentimientos

en el carnaval al que llamamos vida.

Un caos, maldito desastre…

¿Y si dejamos de mirar pantallas

y empezamos a mirarnos más a los ojos?

Quizá nuestras pupilas tengan algo real que decirse.

 

© Menchonetti

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Antonio Menchón García (@menchonetti) nació en Cartagena, Murcia (España) en la década de los ochenta. Actualmente ha publicado cuatro libros: dos novelas «El espíritu de la novela» y «La Sabuesa», un manual de informática y su última obra: «Sin pantallas», donde reúne una pequeña recopilación de algunas de sus poesías, microcuentos y escritos.

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